51 actividades

Un paquete de pasta, una bandeja y mucha curiosidad: romper, trasvasar y meter por agujeros. Exploración pura con lo que ya tienes en la despensa.

Las ruedas de sus coches favoritos se convierten en pinceles. Arte, movimiento y juego en una misma propuesta, y al final… ¡a lavar los coches!

Pelar, cortar y montar una merienda divertida de otoño. Una forma de acercarse a la fruta desde el juego y la autonomía, sin presiones.

Como en la vendimia riojana, pero en una palangana: tocar, apretar y pisar uvas con los pies descalzos. Una experiencia sensorial que no olvidan.

Tapones de corcho y pintura morada: cada estampación es una uva. Una manualidad sencillísima que trabaja la pinza y la coordinación.

Un cesto con objetos cotidianos de materiales naturales para que el bebé explore a su ritmo. Un clásico de nuestras aulas de bebés.

Guantes de látex rellenos de harina, arroz o agua: se aprietan, se estiran y suenan distinto. Exploración sin mancharse nada.

Unos minutos de contacto piel con piel, con calma y con canción. Relaja, fortalece el vínculo y ayuda a conocer el propio cuerpo.

Leemos el cuento del mes y nos convertimos en cada animal: andar como un oso, volar como un pájaro, saltar como una rana. Cuento, movimiento e inglés en uno.

Botes de distintos tamaños con tapas de rosca, de presión y de bisagra. Una actividad que les engancha y que trabaja la mano como pocas.

Botellas con agua, purpurina, arroz o botones que se mueven despacio. Para mirar, agitar, escuchar… y para calmarse cuando hace falta.

Salimos a buscar hojas de colores y, al volver, las convertimos en las púas de un erizo. Naturaleza, colores y arte con lo que encontramos.

Un árbol con las fotos de las personas que le quieren. Para hablar de la familia, reconocer caras y sentirse parte de algo.

Los tesoros del otoño en una bandeja: castañas brillantes, piñas rugosas, una granada entera. Tocar, oler, comparar y, al final, probar.

Convertimos el cuento del mes en un circuito por el salón: hierba, río, barro, bosque… ¡y un oso en la cueva!

Las huellas de toda la familia forman un gran árbol de Navidad. Un recuerdo precioso que además trabaja el cuerpo, los colores y el vínculo.

Harina, sal, agua y aceite: en diez minutos tenéis una masa suave para amasar, aplastar y cortar estrellas. Y oliendo a canela.

Una receta sencilla, sin prisas, para hacer con los peques: medir, amasar, cortar y esperar. Para comer en casa o regalar a la familia.

Cubitos de colores con pequeños tesoros dentro. ¿Cómo sacarlos? Tocar el frío, ver cómo se derrite y descubrir qué esconde el hielo.

Estirarse como un gato, ser un árbol quieto, sisear como una serpiente. Posturas sencillas para conectar con el cuerpo y aprender a relajarse.

Bolas de algodón, un poco de cola y la cara de tu peque en el centro. Un muñeco de nieve hecho a mano para decorar la puerta de casa.

Un cajón con ropa vieja, sombreros, bolsos y telas. Sin disfraces comprados: con imaginación, cualquier cosa sirve para ser otro.

Médicos, cocineros, bomberos, fruteros: con cosas de casa montamos un pequeño escenario y jugamos a ser mayores.

Después de leer «A Taste of the Moon», los animales se suben unos encima de otros para morder la luna. Nosotros la preparamos… ¡y nos la comemos!

Un paseo por el barrio para escuchar el autobús, oler las flores, tocar la corteza de un árbol y mirar los coches pasar. Salir a la calle es la mejor aula.

Unas cajas de cartón, una cuerda y ya tenemos tren. Arrastrar, cargar pasajeros y hacer «chu-chu» por toda la casa.

Decoramos huevos de cartulina y los escondemos por casa o por el parque. Una búsqueda del tesoro que es puro movimiento y emoción.

Dinosaurios enterrados en arena, harina o pan rallado. Con pinceles y cucharas, nos convertimos en paleontólogos.

Salimos a buscar flores de colores y las estampamos o las pegamos en papel adhesivo. Bienvenida a la primavera con los cinco sentidos.

Un vaso, algodón, agua y unas lentejas. En pocos días aparecen los brotes: la mejor manera de entender que todo crece y cambia.

Como la oruga del cuento: el lunes una manzana, el martes dos peras, el miércoles tres ciruelas… Leemos, contamos y probamos fruta.

Un guante de látex lleno de leche (o agua blanca), unos agujeritos… y a ordeñar. La granja llega a casa de la forma más divertida.

Agua, jabón y un poco de azúcar: pompas para perseguir, soplar y explotar. Con un colador o una percha, ¡pompas gigantes!

Un barreño de agua y objetos de casa: una cuchara, un corcho, una piedra, una esponja. ¿Qué pasará? Primer experimento científico del verano.

Peces de cartón escondidos, un recorrido de obstáculos y la bandera de La Rioja. Celebramos las fiestas de Logroño jugando en familia.

Dos cuencos, una esponja y agua de colores: mojar, apretar, pasar el agua de un lado a otro. Una actividad que les tiene concentrados muchísimo tiempo.

Cubitos de agua con pintura que dejan rastros de color al derretirse. Refrescante, sorprendente y perfecto para las mañanas de calor.

Una tienda hecha con sábanas y sillas, una linterna y un cuento. Una aventura de verano sin salir de casa.

Papel grande en el suelo, pintura de dedos y pies descalzos: caminar, patinar y dejar huellas. Una actividad sensorial para disfrutar al aire libre.

La canción que usamos en Dreams para recoger, llevada a casa. Recoger deja de ser una pelea y se convierte en un juego que hacemos juntos.

Un cartón con trozos de materiales distintos pegados: lija, corcho, tela, papel de burbujas. El bebé lo toca, lo rasca y lo descubre a su ritmo.

Unos minutos boca abajo con un espejo delante: el bebé levanta la cabeza para mirarse, fortalece la espalda y descubre su propia cara.

Cajas abiertas, cojines y una sábana: un pequeño circuito para gatear por dentro, por encima y por debajo. Como en nuestra sala de psicomotricidad, pero en el salón.

Una caja con un agujero y pañuelos de colores dentro: tirar, sacar, volver a meter. Uno de los juegos que más enganchan a los bebés.

Esconderse y aparecer: el juego más antiguo del mundo y uno de los más importantes. Con un pañuelo, una canción y muchas risas.

Botes pequeños con arroz, lentejas o cascabeles, bien cerrados: cada uno suena distinto. Para agitar, comparar y bailar al ritmo del carnaval.

Una bolsa zip con gel, agua de colores y pequeños objetos, pegada al suelo o a la mesa. El bebé aprieta, empuja y persigue lo que hay dentro sin ensuciar nada.

Sentado en tus piernas, cara a cara, remamos, subimos, bajamos y nos balanceamos cantando. Canción, movimiento e inglés en el momento más cercano.

Cada emoción tiene un color: alegría amarilla, tristeza azul, rabia roja, miedo negro, calma verde. Botes para ordenar lo que sentimos, como en el cuento.

Una media, serrín y semillas de césped: en pocos días al muñeco le crece el «pelo». Una actividad de nuestro huerto de verano para cuidar y ver crecer.

Cinco rutinas sencillas para que el inglés que viven en Dreams siga en casa: canciones, cuentos y frases cortas en momentos concretos del día.
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